10 de marzo de 2026
Jugar también es aprender
Para un niño, jugar no es perder el tiempo. Durante el juego ocurren algunos de los aprendizajes más importantes de la infancia.
Cuando un pequeño arma una torre, alimenta a un muñeco, busca una pieza, espera su turno o inventa una historia, está poniendo en práctica habilidades relacionadas con el lenguaje, atención, memoria, resolución de problemas, motricidad, interacción social y regulación emocional.
¿Cómo favorece el juego al lenguaje?
El juego crea situaciones naturales para comunicarse. El niño puede aprender a pedir, rechazar, elegir, comentar, preguntar, imitar palabras, seguir instrucciones y ampliar su vocabulario sin convertir cada aprendizaje en un ejercicio de mesa.
Por ejemplo, jugar con una cocinita permite trabajar nombres de alimentos, acciones como cortar, servir o comer, conceptos como grande-pequeño y secuencias como primero preparamos y después servimos.
Además, el juego simbólico —cuando una caja se convierte en un carro o un niño hace como si su muñeco estuviera enfermo— guarda una relación importante con el desarrollo de la representación, la imaginación y el lenguaje.
El adulto también forma parte del aprendizaje
No necesitamos dirigir cada minuto del juego. Podemos acompañarlo, observar qué le interesa al niño y aprovechar esos momentos para modelar lenguaje, ampliar sus ideas y generar pequeños retos acordes con su desarrollo.
En Centro de Terapia Integral LÚA, el aprendizaje mediante el juego forma parte importante de nuestro trabajo porque permite fortalecer habilidades respetando el ritmo y las necesidades de cada niño.
Cuando existe intención y un objetivo claro detrás de la actividad, jugar puede convertirse en una poderosa herramienta de aprendizaje y desarrollo infantil.

