17 de febrero de 2025
Mirar es una forma de conectar, pero no la única
Durante los primeros años, la mirada puede formar parte de muchas experiencias de comunicación e interacción social. Un bebé puede alternar su mirada entre un adulto y un juguete, observar el rostro de quien le habla o buscar a otra persona para compartir algo que llamó su atención.
Estas interacciones contribuyen al desarrollo de habilidades como la atención conjunta, imitación, comprensión de gestos, intención comunicativa y aprendizaje del lenguaje.
Más que pedir «mírame»
Sin embargo, es importante hacer una precisión: favorecer la interacción no significa obligar a un niño a mantener contacto visual.
Algunos niños, particularmente dentro de la neurodivergencia, pueden sentirse incómodos al sostener la mirada y aun así estar escuchando, comprendiendo o participando.
Por eso, en lugar de valorar la comunicación únicamente por cuánto tiempo mira a los ojos, conviene observar un conjunto más amplio de conductas: ¿comparte intereses?, ¿busca comunicar algo?, ¿responde a otras personas?, ¿utiliza gestos?, ¿alterna su atención entre una persona y un objeto?, ¿intenta involucrar al adulto en lo que está haciendo?
Atención conjunta y desarrollo del lenguaje
Una habilidad especialmente relevante es la atención conjunta: cuando el niño y otra persona comparten la atención hacia un mismo objeto, acontecimiento o actividad. Estos momentos generan excelentes oportunidades para incorporar palabras y significados.
En terapia de lenguaje buscamos favorecer la comunicación funcional y espontánea, respetando las características individuales del niño.
El objetivo no debería ser conseguir una mirada «perfecta», sino desarrollar herramientas que le permitan conectar, comprender, expresar y participar cada vez mejor.

